
Cuando entrábamos al colegio sobre las doce y media del mediodía
(yo iba al turno de tarde), poníamos todas las sillas en el centro
del salón en un círculo y la mesa de la profesora en el
medio.
En la mesa de la profesora poníamos
toda la comida que habíamos llevado. Cada uno llevábamos
una cosa: patatas fritas, caramelos, tortas, chocolatinas, etc.
La profesora siempre llevaba lo mejor que
era el arroz chino y bebidas. El arroz chino de allá no es como
el de aquí, el de aquí es diferente. Allí se cocina
con una salsa de color marrón y pedacitos de salchicha, carne,
pollo y verduras.
Luego la profesora ponía música
mientras comíamos. Así estábamos hasta las cinco
y treinta que era la hora de repartir las dos tartas que había
llevado el que había cumplido los años. Una era para los
niños de clase, luego íbamos de clase en clase a repartir
la otra entre todos los profesores. En Venezuela no tiramos de las orejas,
abrazamos al que cumple los años.
Mariángel
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