
Había una vez un ratón que pretendía ser el rey de su tribu. Por ese motivo lo llamaban el Rey Ratón, y su hija era la Princesa Ratona.
Ratona vivía con sus padres en un gran arrozal, en el más escondido rincón del Japón.
Ratona era muy bonita, y cuando estuvo en edad de casarse, sus padres declararon que sólo se casaría con el personaje más poderoso del mundo.
El Rey Ratón se fué a ver un viejo ratón muy sabio; éste declaró que el personaje más poderoso del mundo debía ser el Sol, porque sin él no maduraba el arroz.
Entonces, el Rey Ratón se fué al, encuentro del Sol. Trepó sobre la montaña más alta, corrió a lo largo de un arco iris, hasta que llegó a la cueva del oeste, donde dormía el Sol.
- ¿Qué quieres de mí, hermanito?- dijo el Sol con benevolencia al verlo.
- Vengo a ofreceros la mano de mi hija, la Princesa Ratona, porque sois el personaje más poderoso del mundo y nadie más puede ser digno de ella- respondió el Rey Ratón.
- ¡Oh! - le dijo el Sol riendo y guiñando un ojo.- Te estoy muy agradecido, hermanito, pero la Princesa Ratona no puede ser para mí. El Nubarrón es más poderoso que yo, porque cuando él me tapa, yo no puedo brillar -.
- Entonces no me interesas - dijo el Rey Ratón y se marchó sin decir ni adios, mientras el Sol se reía.
El Rey Rató siguió subiendo hasta llegar a la cueva del sur, donde dormía el Nubarrón.
- ¿Qué quieres de mí, hermanito?- dijo el Nubarrón al verlo.
- Vengo a ofreceros la mano de mi hija, la Princesa Ratona, porque sois el personaje más poderoso del mundo.
- Yo no soy el personaje más poderoso del mundo. El Viento es más poderosao que yo, porque cuando sopla no puedo resistirlo y tengo que ir a donde él me lleva.
- Entonces no me interesas - dijo el Rey Ratón. Y se puso en camino para encontrar al Viento.
Viajó días y días por todo el cielo, hasta llegar a la cueva del este, donde el Viento dormía.
Cuando el Rey le dijo que venía a ofrecerle la mano de su hija la Princesa Ratona, porque era el personaje más poderoso del mundo, hinchó sus mejillas, dejó sonar un silbido terrible y dijo:
- No, yo no soy el más poderoso. El Muro que han hecho los hombres es más poderoso que yo. No puedo derribarlo a pesar de mis esfuerzos. ¡Ve a buscar al Muro!
Y el Rey Ratón bajó rodando del cielo y siguió hasta llegar al Muro que habían hecho los hombres, y que estaba muy cerca de su arrozal.
- ¿Qué quieres de mí, hermanito?- gruñó el Muro al verlo.
- Vengo a ofreceros la mano de mi hija, la Princesa Ratona, porque sois el personaje más poderoso del mundo y nadie más puede ser digno de ella -.
- ¡Oh! - gruñó el Muro - yo no soy el más poderoso. El Ratón Gris que vive en la cueva es más fuerte que yo. Con sus dientes roe y roe mis ladrillos, los va desmenuzando y acabará derrumbándome.¡ Ve a buscar al Ratón Gris!.
Después de todos sus viajes el Rey Ratón tuvo que casar a su hija con otro ratón y la Princesa Ratona se puso muy contenta porque ella siempre había deseado casarse con el Rató Gris que vivía cerca del arrozal.