La palabra inglesa tag designa, entre otras cosas, la firma característica en un solo color que realiza cada grafitero. El término inglés ha pasado a la jerga de los grafitis españoles. Esta costumbre de escribir el propio nombre con una firma característica (llamada tag) se desarrolló y popularizó en los años sesenta en Filadelfia, Nueva York y otras grandes ciudades de Estados Unidos. En los setenta, un joven mensajero neoyorquino de origen griego empezó a firmar "TAKI 183" en distintos lugares de su ruta con un rotulador. La aparición de Taki en el diario The New York Times, contribuyó a la enorme popularidad del tagging. En esa misma década ya se utilizaban botes de pintura en aerosol para firmar. En la subcultura del hip hop se espera de los escritores un mínimo de destreza y gusto estético en el diseño de su firma, pero el tag es la variante en la que menos cuenta lo artístico. Generalmente, se valora la abundancia de firmas o la audacia (muchos grafiteros valoran el que las firmas estén en lugares de difícil acceso, como líneas de metro vigiladas). Socialmente las firmas o tag son los grafitis peor valorados estéticamente, por el vandalismo que suelen implicar. Muchos grafiteros no dudan en firmar con aerosol indeleble en escaparates de comercios, puertas de locales o fachadas de edificios recién pintados, estropeando estéticamente con ello el lugar en el que se colocan.

2/5