A las horas de tren, sobre la batahola (jaleo, ruido) apresurada de los viajeros flotaba siempre su voz tremante (temblante) pregonando " -El Correo....  -La Opinión,  -El Heraldo... ¿Quién los quiere? ... ".

Era un viejecito menudo, flaco, vivaz. Aguda inteligencia retozaba en sus ojuelos. En el pardo oleaje del rostro arrugado vagaba una risa entre socarrona y amarga, dándole movilidad y expresión. No tenía facciones secas, acartonadas y sarmentosas como otros viejos, sino blandas aunque enjutas, llenas de jugo, dóciles al gesto; la barba prominente (saliente, levantada) y rotunda, purpúreos los labios, la nariz recia y borbónica (encorvada, como la nariz de los Borbones, familia real española), descarnadas las mejillas, morena y rojiza la piel.  Parecía una cabeza dibujada por Leonardo da Vinci.

Vestía traje de tela azul ultramar. Los zapatos eran de lona, con punteras de badana (piel), el sombrero de paja tostada.  Por debajo de la faja,  junto a la mano izquierda,  llevaba los periódicos a guisa (a manera de) de espadín.  El chaleco desabotonado por arriba descubría la camisa, muy blanca, y ésta, a su vez, la camiseta de color crudo (blanco amarillento). Era pulquérrimo (muy pulcro, muy limpio). El mismo lavaba su ropa y encarecía con deleitación (satisfacción) su aseo.  Los días de lluvia alzaba las ferradas almadreñas (zuecos protegidos con hierros) y abría su enorme paraguas verde con franjas rojas y varillas doradas.

 

 

 

 

 
 

- [ 1 ] ¿Qué hacía Raposín en la estación de trenes?

- [ 2 ] ¿Raposín era grande o pequeño?

- [ 3 ] ¿Cómo era su nariz?

- [ 4 ] ¿Qué queremos decir al describir a Raposín como "pulquérrimo"?

- [ 5 ] ¿Cómo era su paraguas en los días de lluvia?

 

 
 

 


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