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Comenzaba el crepúsculo
cuando las barcas entraron en la
ensenada
(golfo o bahía)
de Rodillero
(pueblo
ficticio).
Una muchedumbre, formada casi toda
de mujeres y niños aguardaba en la
ribera, gritando, riendo,
disputando; los viejos se mantenían
algo más lejos sentados
tranquilamente, sobre el carel
(borde)
de alguna lancha que dormía sobre el
guijo
(piedrecillas de la orilla del mar)
esperando la carena
(reparación del casco de un barco).
La gente principal de media levita
(de clase media)
contemplaba la entrada de los barcos
desde los bancos de piedra que
tenían delante las casas más vecinas
a la playa. Antes de llegar,
con mucho, ya sabía la gente de la
ribera, por la experiencia de toda
la vida, que traían bonito. Y como
sucedía siempre en tales casos, esta
noticia se reflejaba en los
semblantes en forma de sonrisa.
Las
mujeres preparaban los cestos
a recibir la pesca, y se remangaban
los brazos con cierta satisfacción
voluptuosa
(sensual, satisfactoria),
los chicos escalaban los peñascos
más próximos a fin de averiguar
prontamente lo que guardaba el fondo
de las lanchas. Éstas se
acercaban lentamente: los
pescadores, graves, silenciosos,
dejaban caer perezosamente los remos
sobre el agua.

Cudillero es la capital del concejo. Tiene
aproximadamente 2.000 habitantes. Las casas parecen colgadas de las colinas que
circundan la villa. Tres empinadas laderas la rodean a modo de anfiteatro.
Cudillero invita a perderse por sus callejuelas y escalinatas que conectan todos
los rincones de la villa. Escabullirse por las intrincadas calles es un
verdadero placer. En las casas se observa el ambiente marinero: redes, anzuelos,
aparejos y largas cañas con las que se pesca la suculenta y exquisita merluza
del pincho. De los balcones y ventanas cuelga el curadillo, pescado que se deja
secar para que esté a punto de echar a la cazuela; antiguamente la mucha o poca
cantidad de pescado colgado a secar marcaba las posibilidades económicas de cada
casa. Cudillero pasó a la historia de la
literatura en la novela “José”, de Armando Palacio Valdés, quien, en su
“Rodillero” drescribía sin lugar a dudas a Cudillero (Asturias).
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