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 ¿Dónde están las velas? ¡No hay! Porque en este pueblo la  Navidad no es una fiesta bonita. La gente que vive en el pueblo de la nieve tiene miedo y de los osos que viven en el bosque.

Hoy es el 23 de diciembre y la gente les cuenta historias malas a sus niños. Les cuenta que osos malos van a comerse a todos los niños cuando regresen de la iglesia. Los niños tienen mucho miedo y tiemblan. Tiene miedo como sus madres, padres, abuelos y abuelas.

Nico es el único que no tiene miedo. Hoy le grita a sus padres:

-         ¡Basta con estas historias! ¡Esos osos no se van a comer a los niños!

Entonces dice su abuela:

-         No sabes lo que dices. ¡Nunca has visto un oso, son animales terribles, mira!

Y la abuela coge un dibujo de su cartera donde está un oso malísimo, con ojos peligrosos y dientes filosos. Tiene la boca abierta como queriendo decir: “Vengan, vengan que me los voy a comer a toditos!”

Nico grita:

-         ¡Mentira! No todos los osos son así. Voy a tomar una foto de un oso que es muy amable.

-         No, Nico, quédate aquí!- le dice su madre.

Pero Nico se va con su cámara y un lápiz. En la noche Nico llega al bosque. Pero, ¿qué es esto? ¡Nico escucha música! Se esconde detrás de un árbol. Y ve una familia de osos que está cantando y bailando dentro de una cueva. Papá oso dice:

-         ¡Mañana es Navidad y estamos muy aburridos!

La Abuela de los osos dice:

-         Nada es así como era antes.

El hijito pregunta:

-         ¿Y cómo era antes?

Papá Oso le responde:

-         Antes la gente del pueblo era muy feliz, hacía música y bailaba. Un día, un oso quiso bailar con una niña y la gente creyó que se la quería comer.

Nico escuchó todo. Pero de pronto estornuda y dice:

-         ¡Por favor, no me hagan nada, sólo quería hacer...!

-         No te vamos a comer. Y ya que eres tan valiente, puedes tomarnos una foto.

-         ¡Tengo una idea! – dice Nico, y murmura algo al oído de Mamá Oso.

Al otro día, Nico vuelve al pueblo.

-         ¡Por fin llegaste! – dice su mamá.

-         ¡Miren, hice una foto de una familia de osos con su firma! Y tengo una idea de cómo podemos darle gracias a los osos- dice Nico.

Todos se van al bosque, buscan el árbol más grande y lo adornan con esferas, tiras y muchas velas. Todos gritan:

-         ¡Feliz Navidad, osos queridos!

En ese momento llegan los osos y rápidamente la gente baila con ellos, y todo gracias a que Nico fue tan valiente.

 

Marilia Voigt - 10años - Neuwied (Alemania)

 
 
 

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