|
Cierta mañana de verano en que el Sol
calentaba los campos, el cuervo en una rama
saltaba de contento. Había robado un gran trozo
de queso en una granja y se proponía llenarse
bien la panza.
No lejos de allí
rondaba el zorro desfallecido, oía como gruñían
sus pobres tripas vacías; "... grrr... grrr...",
no encontraba nada el pobre zorrito para
llevarse a la boca. En esto vio el zorro al
cuervo en lo alto del árbol; el pájaro brincaba
satisfecho con su sabroso bocado en el pico. Al
zorro se le hizo la boca agua oliendo el queso y
como ya se sabe que el hambre aguza el
ingenio, se le ocurrió una idea para
comérselo.
"... Muy buenos
días compadre...", saludó zalamero al cuervo;
"... vengo de muy lejos a escucharle porque he
oído que su canto melodioso nadie lo iguala...".
El cuervo al oír
estos halagos hinchó el pecho muy ufano y se
dispuso a lanzar uno de sus graznidos; "...
uugho, uugho, ...", abrió el pico y el queso
cayó en las manos del astuto zorro.
El zorro, "...ñam,
ñam, ñam, ...", se zampó el queso al momento
delante del cuervo. Luego se marchó tan fresco
riéndose de él y ¿sabéis por qué?; por
vanidoso y por tonto.
|